Cuando Los Relojes Marcan Las Doce

¿Dónde se cuecen los sueños del dios dormido? Cantaré canciones de versos ancestrales en medio de la cacofonía de la vida, que ahuyenta, destruye las inmediaciones de todo este espacio etéreo que me rodea. El ciclo del reloj no se detiene, corre descontrolado... esa es tu misión: Vivir conmigo el momento cuando el Reloj Marca las Doce.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Lo Más Preciado Que Tengo...

Me acostumbré a vivir en esta oscuridad que me rodea. Al silencio sutil que se convirtió mi vida, a lo que no puede decirse felicidad… me acostumbré a vivir con lo que tengo.

Se podría decir que soy infeliz, que lo que rodea mi mundo no es más que…  ¿Una brujería? ¿Mi maldición por nacer? ¿Una gracia enviada por un dios que no me quiso como a otros? ¿Una razón más para vivir o una fuerte decisión para morir? Me quedé en medio de la vida que transcurre a mí alrededor, pero sin ser parte de ella, sin permanecer atenta a lo que ahora está frente mío, soy por esto ¿Indiferente? ¿Inhumana? Pienso que ahora ya no vale pensar en eso pues lo que me enseñó a respirar ahora no es mi enemigo, ahora es un aliado silencioso que aguarda como un cazador en medio del silencio que proporciona un río en medio de un bosque y así, a hurtadillas lograr obtener su presa y sin razón aparente… matarlo.

Fui débil cuando aun no entendía el por qué me encerraron en esta cárcel de huesos y por qué debo de vivir esta inútil y cruel vida, que me tienta y me retira, de un juego que ya ni se que se desarrolla frente a mis ojos. Ya mi alma se corroe por el oxido que causa el agua salada que bota mi “indiferencia” ante tanto odio y ante tanta suerte.

Quizás el mantenerme en esta oscuridad que me rodea pueda acercarme a una realidad distinta a la que tu vives y me salva de esa angustia que cada día vive la gente “normal” pues mi condición espiritual y mental ya sin ningún rasgo de haber sido corrompida me regala mas días de vida, mas sueños por los que luchar al pensar que por algún sitio (lejos de aquí) un sol renace en el transcurrir de la vida, se alza sobre el imponente cielo que ya no veo, pues un día se fue y nunca lo vi, solo supe que se marchó para que mi alma no apreciara su color, su textura y su extenso mar de emociones, en cambio, mi bóveda se resume a una espesa oscuridad que pinta a trazos grises a veces las emociones que en mi corazón se aloja cuando le escucho hablar.

Su razón de vida soy yo y con suaves toques ha hecho que conozca de a poco grandes cosas, que mientras camino en esta oscura senda pueda pintar a colores un camino de baldosas amarillas como una vez me dijo dándome el calor necesario para sobrevivir a esta oscura frialdad que me abraza para sacarme el aliento, para vaciarme de su aire que implora mi alma y que incita a pecar como alma impía y sodomiza mis sentidos por más que intento alejar esa sensación de mi alma que ahora ya no está coloreada pues él se ha ido y no ha vuelto.

Y por mas impuro que sea este momento, juro que nunca olvidaré ese beso oportuno que salvo lo que aun quedaba de mi en medio de las cenizas que pintaban mis heridas. Y como si algún dios  hubiera de recordarme.  siento la tibia sensación de sentirme confiada que aun no estoy sola que aunque él se haya ido hay alguien frente de mi que ahora toma mi mano y me dice “Ven que yo te ayudaré, no te preocupes” y en ese instante que saboreaba palabra a palabra ese sentimiento de preocupación es cuando siento que aun perdida es en esta oscuridad me encontré una vez más y sería inoportuno decir que siento que nunca me volveré a perder.

Mi alma nunca supo que fue amar, mi corazón nunca sintió el color que aportaba la lágrima de una flor, esta oscuridad me acompañará hasta el fin de mis días, siempre estará él para guiarme y nunca dejarme caer, él es: mis pasos, mis manos, mi frente, mi futuro y mi presente. Lo más preciado que tengo no es mi aspecto físico, no es mi voz, no es mi obediencia, no es nada de eso. Lo más preciado que tengo es mi alma que retumba en mi pecho que mira el cielo azul que nunca vi, que presencia como sus ojos se posan en mí,  es la que vio como frente a un altar lloró cuando de emoción colocó aquel anillo en mi dedo y fue ella quien supo decirme que esto es para la eternidad. Mis ojos nunca sirvieron, nada más para salvarme de presenciar la inmundicia humana y solo sentir, a trazos de realidad… lo más preciado para mí.

***


(Historia que una pareja formada por una joven invidente y su esposo me contaran en medio de un día en el que pensé que nadie era nada en la vida para ser feliz. El destino proporciona poco a poco lo que debemos aprender para saber vivir)

No hay comentarios:

Publicar un comentario